lunes, 16 de julio de 2007

miércoles, 20 de junio de 2007

31

el veinte de junio

domingo, 17 de junio de 2007

la guinea

A veces está dentro nuestro
(y tu sabes bien, porque es la poesía)
algo oscuro en lo que se hace luminosa
la vida: un llanto interior, una nostalgía
infladas de secas, puras lágrimas (...)
P.P.P.

viernes, 1 de junio de 2007

ex

lo veo flotar en la valija
ese satén chiquito que envolvió mi cuerpo
lentejuelas que dibujan
líneas luminosas hacia el tiempo

¿era yo la que bailaba
con la tiara aferrada a la frente, la contorsionista
de los pies deslizándose
en la confianza del paso aprendido?

viernes, 25 de mayo de 2007

miércoles, 23 de mayo de 2007

dialogo de pareja II

No eres real Celina

Ah no? y qué soy?

Una superficial crítica de cine

Sé que él no sabe quién es Susan Sontang...

domingo, 20 de mayo de 2007

diálogo de pareja

-pero no vayas a convertirte en una susan sontag

-no, jamás me dejaría las canas

viernes, 18 de mayo de 2007

jueves, 17 de mayo de 2007

Valentina

Viene hasta los pies de mi cama, está descalza y tiene el camisón de las flores. El pelo: una mano que quema la oscuridad. Dice que no me equivoque, que es ella la panzona y estúpida.
Valentina lo dice sutilmente ofendida, de algún modo sabe que estuve toda la tarde tratando de escribir ese poema donde me angustiaba crecer no por crecer si no por alejarme de la nena panzona y estúpida que fui.
También sabe que si yo soy, ella no, y si ella, yo no.
Me mira desde la oscuridad, flotando su pelo, el borde del camisón.
Pero no, Valentina -intento apaciguarla- no soy yo la que te va a robar. El tiempo es una bestia que sólo sabe ir para adelante, y así, en breve, nuestras infancias -las dos- van a ser imágenes perdidas que nos visiten de vez en cuando.

domingo, 13 de mayo de 2007

sábado, 12 de mayo de 2007

lenguas



Documentar la mirada

Los espigadores y la espigadora, de Agnés Varda, 2000
Por Celina López Seco

Los post de la vanguardia

Hablar de un mundo sitiado por el capital es un ejercicio de pensamiento post marxista en el que raras veces se puede incurrir con lucidez. Quizás porque estamos saturados de los post o porque, incomprendidos por el consumo vamos hacia él, como aquel que se une al enemigo en su imposibilidad de vencerlo o como aquel que encuentra el placer natural del contacto primario con el objeto de deseo.
Mirar un mundo sitiado por el capital es un ejercicio de voluntad y orientación; en ambos casos somos partícipes de lo que observamos y de ninguna manera podemos abstraernos de que ésta es la tierra que habitamos. La voluntad y la orientación determinaran en última instancia, el camino a escoger.
Pensar hoy en Los espigadores es también un ejercicio de presencia que nos obliga a revisar las cuentas, las nuestras, las ajenas, pero por sobre todas las cosas, es un ejercicio de observación.

Los espigadores, siete años después

¿Cuál es la necesidad de documentar el mundo? ¿Cuál es la motivación para filmar el mundo? ¿Dónde están las imágenes antes de ser registradas?
Siete años después he vuelto a mirar Los espigadores y las espigadoras, el documental de una de las precursoras de la Novell vague, Agnés Varda que habla de ella, de su relación con el cine como parte indisociable de su relación con la vida, documental que tiene una absoluta posición contestataria a partir de la curiosidad como punto esencial para reflexionar. El camino no está marcado desde la ideología, que por supuesto la determina, sino más bien desde el afecto; aquél que en algunas personas, la experiencia ha transformado en la única posibilidad y posición para determinar la mirada.

¿Qué es una mirada afectiva?

En el caso de Varda tiene que ver con la humildad. Pero no aquella herramienta impostada del que pregunta –cineasta- en tanto formalidad o excusa para desarrollar su ego. Vardá se acerca con la espontaneidad del que se vive igual, es única porque los años no la han endurecido, es más joven y está inquieta. Es joven porque está inquieta.
Los espigadores comienza con un interrogante asociado a una actividad legendaria y primitiva del hombre: recoger y darle utilidad a las sobras: espigar; tarea tan primitiva como el desarrollo cultural de las relaciones de poder y punto de partida que socava uno de los principios del capitalismo: el consumo. El que espiga es aquél que va detrás de alguien que ha sacado el primer provecho. Algo así como un espía paciente del atolondrado sistema, no es más listo pero tampoco es sólo más pobre, es un otro, que existe, que quizás no acepta como únicas reglas las que plantea esta sociedad con fecha de vencimiento incorporada. El recorrido de Las espigadoras es pedagógico en un principio pero se transforma en otro gesto de humildad a medida que avanza el relato porque, no sólo como reflejo sino como agradecimiento del cine, las dudas de Varda se transforman en nuestras dudas.
Mirar afectivamente es mirar sin prejuicios, es cuando el amor como energía pacifica y serena se transmuta en diálogo, pero sobre todo, en posible respuesta a tantos interrogantes que exige una mente reflexiva para seguir respirando. Los espigadores… no denuncia, al estilo documental norteamericano for export, al maquiavélico culpable de la existencia de pobres; (hablamos siempre de pobres europeos, que son otra categoría dentro de los pobres) más bien mira y desintegra pautas culturales, que parecieran anidar en lo más recóndito de nuestra alma, porque son convenciones las que determinan la pobreza, la locura, el bien y el mal; el sistema de vida. En este sentido el recorrido de Los espigadores… deja huellas en el espectador más profundas que cualquier respuesta sociológica o explicación inteligente.
Es como si ante el desprendimiento de entradas al paraíso del consumo Varda desobedeciera con excesos de miradas contrapuestas, replica con otro espejo al hábito de la burguesía compulsiva por la novedad, la velocidad y el ahorro, ahorro para poder comprar más y mejor.
Un coleccionista de objetos perdidos, un hombre perdido por el alcohol, un psicoanalista que conoció a Lacan y que además tiene una bodega, una mujer que también se perdió en el alcohol y encuentra y sobrevive, y recoge y se recogen. Un anciano que colecciona muñecas y hace esculturas con ellas y su mujer piensa que él podría haber sido un artista y Agnés le dice que ya es un artista, y la mujer ríe… Un vegetariano, ferviente defensor del reciclaje de comida como modo de vida, da clases de francés a los inmigrantes y vende revistas en la calle; a él no le gusta que Varda figure como una protagonista más de su film, dice que no es necesario. Un coleccionista de botones, un coleccionista de obras de arte desencontradas, un dueño de la ciudad que con sus botas de goma como símbolo de conquistador busca comida caducada. Un señor que vive en un coche, pero en un coche espacioso y Agnés que mira como su cabello prefiere ir hacia el color blanco como símbolo de la edad. ¿Acaso no todo es un símbolo de algo? ¿No son las cosas lo que son por el sentido que le hemos otorgado?

Los espigadores y la espigadora, siete años después, vital en estos tiempos donde pasan las imágenes como modas y el cine aletargado corre para no quedarse atrás. Una postal, una invitación, un cuaderno, más patatas con forma de corazón, zanahorias con formas de corazón, cartas, agradecimientos, confesiones, encuentros, expectativas de los espectadores que le responden a Agnés Varda participando, en una verdadera fiesta cinematográfica, de Dos años después, el siguiente recorrido de la directora por la experiencia de haber filmado Los espigadores…. Hay presente y relación en los dos filmes, nuevas definiciones y maneras de espigar, de encontrar, de pensar y actuar si se es libre. Por esto mismo, la curiosidad de Agnés Varda es un importante trabajo con el tiempo ya que al momento de montar se respeta el ritmo propio de la película que es el mismo universo de la directora. Y, desde el respeto a su individualidad como principio creativo se abren infinitas posibilidades a la hora de pensar el documental como forma cinematográfica para relatar con imágenes y para mostrar mundos más que dictar sentencias.

hermanos

Hermanos (Brodre)
Susanne Bier
Dinamarca
2004

Por e.o.


Primero, una aproximación sentimental: pastos acariciados por el viento, una pupila, y la arena veloz del desierto. “Siempre voy a quererte, es lo único que sé”, dice una voz en duro danés, que se convierte en el alambre escondido, el eco que recorre toda la película. Enseguida el registro cambia: la cámara sigue a un soldado que avanza por el pasillo de un cuartel hasta un baño lleno de hombres desnudos y les anuncia su cercana partida a Afganistán. Este es Michael, el militar, que luego se dirige a un penal, a recoger a Jannik, su hermano filocriminal.
Iniciar una película europea actual en un cuartel y una cárcel es más que elocuente: son los escenarios donde se gestan la guerra y el castigo, dos enfermedades que parecen corroer el alma de occidente y sin las cuales no puede vivir, como si fuera el Dr. Jekill y su Mr Hyde.
A partir de este momento Hermanos teje una historia bastante simple, y bastante antigua, una historia del amor y la familia, a través de las que se plantean muchas preguntas: ¿qué sucede cuando alguien desaparece y en su ausencia se teje un nuevo equilibrio, qué sucede entonces, si reaparece?; ¿qué sucede cuando las fronteras de la ley cultural son moralmente infranqueables, pero es necesario cruzarlas para intentar la felicidad?; ¿qué sucede cuando un hombre inútil se vuelve indispensable y un hombre útil se convierte en peligroso? Bier va construyendo un contrapunto entre los tres personajes centrales de la película a través del que bucea en estas y otras cuestiones.
Pero el gran tema del que se trata acá es la ira: la ira descripta en su génesis y sus consecuencias. Una ira cuyo origen es el enfrentar a un hombre -entrenado para ver y hacer morir a otros- a la muerte de un par. Y es ahí donde el título cobra la ambigüedad necesaria para seguir rondando nuestro pensamiento una vez terminada la función. Bier nos guía para preguntarnos cuál es el verdadero lazo fraternal inviolable, qué es lo que nos une y qué lo que nos diferencia.
En medio de una sociedad que parece demasiado habituada al silencio, hay algo que sin embargo salva a estos personajes de ser monstruos, y es eso que justamente parece incomodarlos: ese resto de humanidad que no pueden pero quieren reducir, y que amenaza con hacer tambalear toda la seguridad y el confort por el que tanto parece haber sido sacrificado
Pienso que Susanne Bier, al historizar, piscologizar, en fin, poner en funcionamiento de relaciones humanas extramilitares a un militar, -cosa a la que no parece estar muy habituado el cine- se permite a un tiempo saltar los códigos del honor marcial (que en estas guerras no rigen porque no son guerras entre iguales) y habla de una necesidad actual: la de entender qué es lo que sucede en el mundo post 11 09, y qué tipo de seres humanos son los que pueden pelear en estas nuevas guerras contra el “terrorismo”, las tan mentadas guerras preventivas. Quiénes son, de dónde surgen, y cómo se comportan estos seres ¿humanos? fuera de una trinchera.

La frase de un monje budista –creo, dicha a propósito de la guerra en Viet nam- me vino a la mente cuando la última imagen se deshizo en negro:
“si matamos a nuestros hermanos, entonces con quiénes hemos de vivir”
y así fue como me quedé con la seguridad de que esta es una gran película antibélica, de un antibelicismo atípico, si se quiere: sin los campos de batalla, pero con los espacios hechos para la vida cargados con el gusto de ese juego mortífero.

sábado, 5 de mayo de 2007

dos opciones

o soy loca, o estoy loca

jueves, 3 de mayo de 2007

Tiempos modernos

Marcate il numero di accesso…

E così la storia si forma.

martes, 1 de mayo de 2007











en un baldío
olor de hojas quemadas

estoy lejos pero está
ese cuadrado que era el patio
la pila dorada que los álamos
doblados por abril nos entregaban

y antes de que el fuego se coma este recuerdo
mis hermanos y yo trepamos hasta el muro

un salto y el rebote
espectral sobre el colchón

- restos de escarcha en la tarde de humo-

y nuestro aliento
tiembla en el aire
perforando la tristeza
que habíamos heredado

sábado, 28 de abril de 2007

te sugiero una ecuación para el positivismo social en relación al tiempo:
escribir es un trabajo material, digo, poner una palabra atrás de la otra es un hecho irrefutable, y como cualquier trabajo material implica tiempo, por ende: el tiempo que se usa para escribir no se usa para otras cosas
eso no es lo mismo que ser un holgazán
es simplemente usar tu tiempo para escribir, un trabajo, que no está redituado, ni lo va a estar, pero ese en todo caso no es problema de quien se ve necesitado de sentarse a escribir, por algo finalmente todo el mundo habla de los libros que lee, y los libros que se leen es de gente que apoyó el culo en una silla y dejó de invertir su tiempo en otra cosa para invertirlo en escribir

viernes, 27 de abril de 2007

Documentar los laberintos

Más allá del espejo

Joaquím Jordá, 2006

Hay en Más allá del espejo una relación triángular pero de cuatro lados porque uno de sus vértices es invisible, sin embargo, latente a la reflexión. Dos Jordá, el cineasta-autor y el cineasta-protagonista y "los protagonistas"; entrevistador y entrevistado, límite impreciso que el propio director utiliza casi como firma. El margen del relato es el mismo margen de la verdad, del lenguaje, de la mirada. Ese es el cuarto e invisible vértice: la posición que el cineasta construye de sí mismo y de su espectador: posición de la mirada que no es más que la posibilidad de encuentro entre ambos. Y el encuentro en ésta, su última película, puede tomar dos aristas: (y seguimos enumerando...) desigual por una parte en tanto Jordá se propone, se presenta y se va, dejando puntos suspensivos, dejandonos solos. O, por otra parte ese lugar incómodo y solitario que en algún punto se plantea asfixiante o circular, como si el texto no avanzara, quizás, sea el lugar del inconformismo y la no complancencia, que Jordá espera de sus espectadores; Es aquí donde me pregunto: ¿para quién debe avanzar el relato y qué significa "avanzar"? No creo que Más allá del espejo, sea de sus películas la más lograda, pero si que es parte de una búsqueda, (Mones com la Becky, 1999, por asoción directa casi pero me refiero a su filmografía en general) de un juego de resignificaciones arriesgado donde el ritmo y el final estan más comprometidos con la fibra de la vida que con la certeza cinematográfica.
Las diferencias en la percepción, las personas que han sufrido trastornos cerebrales, es decir, los protagonistas, empiezan de nuevo; es un cuestionamiento al orden establecido, las cosas, los lugares, los colores no les son familiares, son parte de un universo que habita las fronteras, como el mismo Jordá, el personaje y el autor. El lugar de las sombras, de lo poco claro, de lo que requiere un esfuerzo nos obliga a mirar despacio, a preguntar, a subvertir lo dado, y ese lugar está allí donde no hay dogma que nos posicione dentro de la cordura o la razón, la salud o la enfermedad, porque ahí no está la verdad dijo Jordá... y se fué...

Celina López Seco

Susanne Bier x 2

Después de la boda

Susanne Bier

Mirar a los ojos en un acto de intromisión, mirar la integridad de los ricos, la austeridad e integridad de algunos pobres, mirar de costado, desde abajo, primer plano, cercanísimo plano de los ojos, no de la mirada. Mirar buscando analogías, intentando llegar dentro de los personajes, de las situaciones. Poner conceptos en las imágenes.
¿Y que sería de las imágenes sin conceptos?
Una puesta en escena diagramada para significar y correctamente relacionada al guión que le dio la vida, cada comportamiento es un movimiento atento a la causalidad de las leyes no internas sino externas del filme; es decir a las intenciones de su autor.
¿Y quién es aquél arrogante que pretende conocer las intenciones de un creador? Parafraseaba el personaje de una película aludiendo al crítico de cine. ¿Es el crítico el personaje arrogante y egoísta que se erige en guardián del arte? ¿Y en ese caso de qué lo intenta proteger?
Las intenciones son siempre ocultas a no ser que las imágenes estén plagadas de conceptos para lograr que su sentido sea decodificado por el espectador en la misma línea que fueron planteadas por su creador.
Susanne Bier reúne a sus personajes en una celebración para destapar secretos que atañen personalmente a cada uno de ellos. Ese es el punto de inflexión, antes cada uno en situación, definitivamente distantes, para así entrever el peso que tendrá en sus vidas el reconocimiento de las lagunas del pasado. Definitivamente distantes quiere decir que la historia se mueve entre dos personajes con vidas e intereses opuestos: Jacob (Mads Mikkelsen) es un hombre solitario que vive en la India cuidando y educando a niños en un orfanato y Jorgen (Rolf Lassgard) es un rico empresario danés que cuida celosamente de su familia.
La estructura del relato contrapone a los protagonistas ideológicamente a través del contexto y los relaciona a través de los afectos. Entre un punto y otro de su transformación están las acciones que construyen un drama prolijo y emotivo: una enfermedad terminal, una paternidad desconocida, engaños y silencios. Planos de los ojos como si fueran los personajes los que transmiten su interior, pero no, esos ojos son entradas, pasos de una escena a otra, no es el interior lo que se ve, es un virtuosismo técnico que se corresponde con un hermético guión y una mirada atenta a las complejidades de nuestra época.
Entonces, ¿qué sería una imagen sin concepto? Sería una imagen.
Hay dos reflexiones dentro del filme que refieren a sus intenciones, contradicciones y posteriores justificaciones. Ambas están puestas en boca de Jorgen, el empresario, sobre el que Bier sostiene las decisiones morales de la película. Una es cuando Jorgen le dice a su esposa: “No podemos controlarlo todo” refiriéndose a las supuestas coincidencias que vinculaban a Jaboc dentro de su vida. Y luego, hacia la recta final, en un pedido desesperado para que Jaboc no se marche a la India, Jorgen le grita: “¿Sólo tiene sentido tu ayuda si es fuera de aquí?” A través de la primera afirmación Bier deja claro que al menos en su filme si quiere/¿puede? controlar absolutamente todo, hasta las emociones de sus espectadores y además justificarlos acotando el último límite físico de la vida que es la muerte. Si se puede hablar de intenciones porque allí están, todo el tiempo, estableciendo la corrección política como bandera, es una película afín, afín a nuestro tiempo, como la arrogancia del crítico, como la arrogancia del creador.